La historia de Tehuacán no solo está en sus calles, sus edificios antiguos o sus zonas arqueológicas. También permanece en documentos, libros y testimonios que permiten reconstruir cómo vivían sus habitantes y cómo se fue formando la identidad de la región. Una parte de esa memoria fue investigada y documentada por Fernando Ximello Olguín, quien falleció el 12 de octubre de 2026.
El investigador recibió un homenaje póstumo en Tehuacán, donde se reconoció su trayectoria y sus aportaciones a la historia y la cultura local. Su trabajo abarcó temas como la cultura Ngiwa, los acontecimientos históricos de la región y la conservación del Archivo Histórico Municipal.
Más allá del reconocimiento, su trayectoria deja una pregunta importante: ¿qué historias de Tehuacán podemos conocer hoy gracias a quienes se dedicaron a investigar y preservar su pasado?
Los libros con los que documentó la historia de Tehuacán
Entre las publicaciones vinculadas con su trabajo se encuentra Memorias de revolucionarios Tehuacán, obra que aborda personajes relacionados con la Revolución mexicana en la región. El libro permite acercarse a episodios de la historia local desde las personas que participaron en ellos.
Otro título asociado con su trayectoria es Gastronomía de Tehuacán del siglo XIX: Placeres gastronómicos, una investigación que explora la alimentación y las costumbres de otras épocas a partir de referencias documentales.
Ambas publicaciones muestran que la historia de una ciudad no se limita a sus grandes acontecimientos políticos. También puede reconstruirse a través de la comida, las prácticas cotidianas y las experiencias de quienes vivieron en ella.
Estos registros ayudan a entender cómo cambiaron las formas de vida y qué elementos de otras épocas siguen presentes en la identidad regional.
Su interés por la cultura Ngiwa
Uno de los temas que marcaron las investigaciones de Fernando Ximello fue la cultura Ngiwa, también conocida como Ngigua. Este pueblo originario tiene presencia histórica en el sur de Puebla y conserva una identidad vinculada con su lengua, sus conocimientos y sus tradiciones.
La investigación sobre los pueblos originarios resulta fundamental para comprender que la historia de Tehuacán y sus alrededores comenzó mucho antes de la formación de las instituciones modernas. Las huellas de ese pasado también se encuentran en los territorios, los vestigios arqueológicos y las expresiones culturales que han sobrevivido a través de generaciones.
Ximello mostró interés por documentar ese patrimonio y por advertir sobre posibles afectaciones a sitios de valor histórico y natural. Su trabajo contribuyó a poner sobre la mesa la importancia de estudiar y proteger los espacios que conservan evidencias del pasado regional.
El archivo histórico, una memoria que necesita conservarse
Durante los últimos meses de su vida, Ximello colaboró en el trabajo de organización del Archivo Histórico Municipal de Tehuacán.
Este tipo de labor es esencial para preservar documentos que permiten conocer cómo funcionaba la ciudad en otras épocas, quiénes participaron en sus decisiones públicas y cómo evolucionaron sus instituciones.
En 2025 se informó sobre la localización de un documento relacionado con la toma de posesión de la primera administración municipal de Tehuacán, en febrero de 1822, así como sobre el interés por exhibir decretos impresos en la ciudad desde 1821.
La conservación de materiales como estos permite que la historia local pueda investigarse y consultarse con mayor precisión. Un documento antiguo no es únicamente una pieza de colección: puede aportar información para verificar fechas, reconstruir acontecimientos y comprender la vida de generaciones anteriores.
Por ello, organizar y resguardar un archivo también significa mantener abiertas nuevas posibilidades para estudiantes, investigadores y habitantes interesados en conocer sus raíces.
Un legado que merece seguir investigándose
El fallecimiento de Fernando Ximello Olguín deja el reto de mantener vivo el trabajo que realizó. Para ello, será importante preservar sus publicaciones, identificar otros materiales que haya producido y facilitar el acceso a los documentos históricos que ayudó a estudiar y organizar.
También sería valioso recuperar los testimonios de colegas, familiares y personas que trabajaron con él para conocer de primera mano sus métodos de investigación, los proyectos que tenía pendientes y los hallazgos que consideraba más importantes.
Su trayectoria recuerda que la memoria de una ciudad no se conserva por sí sola. Necesita personas dispuestas a investigar, contrastar documentos, registrar testimonios y compartir lo que descubren.
En Tehuacán, el trabajo de Fernando Ximello forma parte de ese esfuerzo por documentar una historia que abarca mucho más que sus monumentos: incluye a sus pueblos originarios, sus personajes, sus costumbres y los documentos que dan cuenta de su transformación.
Su legado no termina con el homenaje póstumo. También está en las preguntas que sus investigaciones dejan abiertas y en la posibilidad de que nuevas generaciones continúen explorando las raíces de la región.




