Las baterías de los teléfonos utilizan iones de litio que se desplazan entre distintos materiales mientras el dispositivo se carga o consume energía.
Ese movimiento produce cambios químicos diminutos. Después de cientos de ciclos, la batería ya no puede almacenar la misma cantidad de energía que cuando era nueva.
El calor acelera este desgaste. Dejar el teléfono dentro de un automóvil, utilizarlo intensamente mientras se carga o mantenerlo expuesto al Sol puede reducir su vida útil.
Cargarlo al 100% no provoca un daño inmediato, pero mantenerlo constantemente en los extremos de carga aumenta la tensión química.
Las funciones de carga optimizada ayudan a reducir el tiempo que la batería permanece completamente llena. Sin embargo, ninguna configuración evita el envejecimiento: todas las baterías recargables pierden capacidad con el uso.



