En la mayor parte del mundo los automóviles circulan por la derecha, pero numerosos países —entre ellos Reino Unido, Japón, Australia, India y Sudáfrica— mantienen el tránsito por la izquierda. La diferencia tiene raíces anteriores a la invención del automóvil.
Durante siglos, jinetes y viajeros eligieron distintos lados del camino según las costumbres de cada región. Una explicación frecuente relaciona la circulación por la izquierda con la posibilidad de mantener libre la mano derecha al cruzarse con otra persona. Posteriormente, el tamaño de los carruajes y la posición de sus conductores también influyeron en la elección del sentido de circulación.
Con el crecimiento de los Estados modernos, las prácticas locales comenzaron a convertirse en reglas. Las expansiones territoriales y las relaciones coloniales llevaron esos sistemas a diferentes continentes. Por eso varios países que estuvieron vinculados con el Imperio británico conservaron la circulación por la izquierda.
La ubicación del volante responde al sentido del tránsito. En los países donde se conduce por la derecha, normalmente se encuentra a la izquierda del vehículo; donde se circula por la izquierda, suele colocarse a la derecha. Esto permite al conductor tener una mejor perspectiva de la parte central del camino.
Cambiar de lado no consiste solamente en modificar una norma. Sería necesario adaptar intersecciones, señales, accesos, estaciones de transporte, casetas, vehículos y hábitos de millones de personas. Algunas naciones han realizado la transición, pero requieren una planeación amplia para reducir confusiones.
Para un viajero, el mayor riesgo aparece en acciones automáticas, como mirar hacia el lado equivocado antes de cruzar una calle. Por eso, en algunas ciudades se colocan indicaciones sobre el pavimento para recordar de dónde vienen los vehículos.
El sentido del tránsito es un ejemplo cotidiano de cómo las decisiones históricas pueden permanecer incorporadas en la infraestructura durante generaciones.


