El español hablado en México contiene numerosas palabras procedentes de lenguas originarias. Entre ellas destaca el náhuatl, cuyos términos se incorporaron a la vida cotidiana para nombrar alimentos, plantas, animales, objetos y lugares que no tenían una equivalencia exacta en el vocabulario europeo.

Palabras como aguacate, chocolate, tomate, chile, coyote, mezcal y petate tienen raíces nahuas. Algunas conservaron un sonido cercano al original, mientras que otras fueron adaptadas a la pronunciación y escritura del español.

La influencia también puede encontrarse en expresiones regionales y en una enorme cantidad de topónimos. Nombres como Chapultepec, Popocatépetl, Tlalpan, Mazatlán o Zacatlán describen características del paisaje, especies presentes en el territorio o referencias culturales.

Estos vocablos no permanecieron solamente en México. Productos originarios de América viajaron a otros continentes acompañados de sus nombres. Por ello, distintas lenguas utilizan palabras derivadas de tomate, cacao, chocolate o aguacate.

Hablar de esta herencia no significa afirmar que todas las palabras indígenas proceden del náhuatl. México posee una gran diversidad lingüística y el español nacional también ha recibido aportaciones del maya, purépecha, zapoteco y otras lenguas.

El vocabulario muestra que las lenguas están en movimiento permanente. Cambian cuando las personas intercambian productos, conocimientos y costumbres. Cada vez que alguien pide un chocolate, prepara un guacamole o menciona un coyote, utiliza palabras que han atravesado siglos.

El idioma cotidiano funciona así como un archivo vivo: conserva huellas culturales incluso cuando los hablantes desconocen su origen.