La ceremonia de los Voladores no comenzó como un espectáculo turístico. Se trata de un ritual relacionado con la fertilidad, la lluvia, la tierra y el equilibrio del universo.
Cinco participantes suben a un poste. Uno permanece en la parte superior, donde toca música y realiza movimientos ceremoniales, mientras los otros cuatro descienden sujetos con cuerdas.
Cada volador gira 13 veces, por lo que los cuatro participantes completan simbólicamente 52 vueltas. Este número se relaciona con el ciclo calendárico mesoamericano.
En Cuetzalan, la ceremonia continúa transmitiéndose entre distintas generaciones y forma parte de festividades comunitarias.
La UNESCO reconoció el ritual como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Su permanencia depende tanto de quienes lo ejecutan como de la enseñanza de su significado a los jóvenes.



