Los primeros aviones comerciales presurizados llegaron a utilizar ventanas con formas más cuadradas que las actuales.

Durante cada vuelo, el fuselaje se expande ligeramente por la diferencia entre la presión del interior y la del exterior. Las esquinas pronunciadas concentran esa tensión en puntos específicos.

Con el paso de múltiples vuelos, esas zonas podían desarrollar grietas y comprometer la estructura del avión.

Las ventanas redondeadas distribuyen mejor la presión y reducen los puntos de concentración de esfuerzos.

También están compuestas por varias capas. El pequeño orificio visible en la parte inferior de algunas ventanas ayuda a equilibrar la presión entre los paneles.

Su diseño no responde únicamente a una decisión estética: es resultado de décadas de investigación y aprendizaje en seguridad aeronáutica.