Entre los dulces asociados con Puebla, las tortitas de Santa Clara ocupan un lugar reconocible por su forma y por el vínculo que su nombre establece con la cocina conventual. Son parte de un repertorio que mantiene viva la tradición de regalar o llevar un sabor de la ciudad.
Su historia, sin embargo, merece contarse con cuidado. Una investigación publicada por el INAH recoge versiones diferentes sobre el convento en el que habrían surgido: mientras una las relaciona con las clarisas, otra atribuye su origen a las dominicas de Santa Catalina. Presentar una sola explicación como definitiva borraría esa discusión histórica.
Esa diferencia también vuelve interesante al dulce. Una tortita puede abrir la conversación sobre las recetas que circularon entre conventos, obradores y familias, y sobre cómo una preparación termina por convertirse en parte de la identidad gastronómica poblana.




