La talavera poblana no es solamente una cerámica decorada. Su elaboración requiere conocimientos transmitidos entre generaciones y un proceso que puede extenderse durante varios meses.

El barro se selecciona, limpia, mezcla y deja reposar antes de ser moldeado. Posteriormente, cada pieza debe secarse y pasar por una primera cocción que transforma el material y prepara su superficie.

Después se aplica un esmalte blanco que sirve como fondo para la decoración. Los diseños se pintan a mano con pigmentos minerales y la pieza entra nuevamente al horno. Durante esa segunda cocción aparecen el brillo y los colores característicos.

No toda cerámica con diseños azules puede llamarse talavera. La denominación de origen protege las piezas elaboradas mediante procesos específicos en zonas autorizadas de Puebla y Tlaxcala.

En 2019, su proceso artesanal fue inscrito por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.