Cuando una persona envía un mensaje a otro continente, la información no viaja principalmente mediante satélites.

La mayor parte de los datos internacionales circula por cables de fibra óptica instalados en el fondo de los océanos. Estos cables conectan centros de datos, redes telefónicas y proveedores de internet.

En su interior, pulsos de luz transportan enormes cantidades de información a gran velocidad. Varias capas de protección permiten que la fibra resista la presión, la humedad y el contacto con el lecho marino.

Los daños pueden producirse por sismos, anclas, redes de pesca o movimientos del fondo oceánico. Cuando ocurre una ruptura, barcos especializados localizan el tramo y lo llevan a la superficie para repararlo.

La nube parece invisible, pero depende de una infraestructura física formada por cables, edificios, servidores y sistemas eléctricos.