En diferentes comunidades de la Sierra Norte de Puebla, el sonido del violín y la guitarra acompaña una danza que conserva la memoria de trabajadores afrodescendientes, pueblos totonacos y antiguas celebraciones agrícolas.
La Danza de los Negritos tiene distintas versiones según la comunidad donde se interpreta. Una de las historias más conocidas relata que una mujer africana visitó un cañaveral donde trabajaba su hijo. Después de que el joven fuera mordido por una serpiente, la mujer realizó movimientos y rituales para intentar salvarlo.
Con el paso del tiempo, la narración fue incorporada a una danza en la que aparecen personajes como el caporal, la Maringa o Maringuilla, los vasallos y un niño. Algunas versiones llevan una serpiente de madera que representa el peligro que amenaza a las personas y las cosechas.
La indumentaria utiliza sombreros decorados, flores, listones, camisas blancas y prendas con colores intensos. Los pasos cambian al ritmo de diferentes sones, como la Entrada, el Fandanguito, el Corral y la Salida.
La danza puede observarse en comunidades de Cuetzalan, Naupan, Atempan, Xicotepec y otros municipios de la región. Cada grupo conserva variantes propias sin perder el relato que conecta trabajo, comunidad y resistencia.




