En San Pablito, comunidad otomí del municipio poblano de Pahuatlán, la corteza de los árboles puede convertirse en papel. El resultado es el amate, una hoja de textura fibrosa elaborada mediante conocimientos transmitidos entre generaciones.
El proceso comienza con la preparación de las fibras vegetales. Después se acomodan y trabajan hasta formar una lámina. Aunque suele verse como una artesanía terminada, cada hoja reúne tiempo, técnica y conocimiento de los materiales.
El papel amate también ha servido de soporte para expresiones artísticas y rituales. Mirarlo de cerca permite apreciar algo que una fotografía difícilmente muestra: las fibras, las variaciones de color y las huellas de su elaboración.




