Una cemita poblana puede llevar distintos rellenos, pero hay una hoja capaz de transformar cada mordida: el pápalo. Su aroma intenso se mezcla con el pan, el quesillo, el aguacate y el chile para darle al antojito un sabor reconocible.
El pápalo es un quelite que se consume fresco. En la cemita conserva su carácter y aporta un contraste vegetal frente a los ingredientes más grasos o cremosos. Por eso, incluso una pequeña cantidad puede hacerse notar.
Vale la pena fijarse en él la próxima vez que pidas una cemita. Es uno de esos ingredientes que parecen secundarios hasta que pruebas el mismo platillo sin ellos.




