Entre los antojitos de Puebla, el molote tiene una forma fácil de reconocer: es alargado, va relleno y se fríe hasta quedar dorado. Puede prepararse con distintos guisos, por lo que probar dos molotes no siempre significa encontrarse con el mismo sabor.

La masa de maíz envuelve el relleno antes de pasar al aceite. Después suele servirse con salsa y otros acompañamientos, según la receta de cada cocina. Esa combinación de exterior crujiente e interior suave explica buena parte de su atractivo.

Aunque comparte ingredientes con otros antojitos mexicanos, el molote tiene un lugar propio en las mesas y puestos de Puebla. La Secretaría de Cultura lo incluye entre los platillos representativos de la gastronomía poblana.