En el norte de la Cuenca de Oriental se levantó una ciudad prehispánica capaz de controlar el tránsito comercial entre el Altiplano y el Golfo de México.

Cantona fue construida sobre un terreno volcánico irregular que ayudó a convertirla en una ciudad fortificada. Sus habitantes utilizaron piedra local para levantar calles, muros, plazas, viviendas, templos y espacios ceremoniales.

Durante su periodo de mayor crecimiento, entre los años 350 y 550, pudo albergar a más de 90 mil habitantes distribuidos en aproximadamente siete mil 500 unidades residenciales.

Una parte fundamental de su economía fue la obsidiana. La cercanía con los yacimientos de Oyameles-Zaragoza permitió desarrollar más de 350 talleres dedicados a producir herramientas y objetos que posteriormente se intercambiaban con otras regiones.

Cantona también destaca por su número de juegos de pelota. Las canchas formaban parte de espacios ceremoniales y sociales distribuidos en distintos sectores de la ciudad.

A pesar de su tamaño, solamente una pequeña parte del antiguo asentamiento ha sido consolidada para las visitas. Los estudios indican que las 25 hectáreas exploradas representan alrededor de 2% del territorio que llegó a ocupar la urbe.