En la Sierra Madre Occidental, dentro del estado de Chihuahua, se encuentra un extenso conjunto de cañones conocido como Barrancas del Cobre. Aunque su nombre suele utilizarse en singular, el territorio está formado por varias barrancas conectadas entre sí.
El paisaje fue modelado durante millones de años por procesos geológicos y por la acción constante de los ríos. El resultado es una sucesión de paredes, pendientes, mesetas y profundos valles donde la temperatura puede cambiar considerablemente de acuerdo con la altitud.
En las zonas elevadas predominan los bosques de pino y encino. Al descender hacia el fondo de las barrancas aparecen condiciones más cálidas y vegetación diferente. Esta variedad permite que numerosas especies encuentren hábitats adecuados dentro de una misma región.
El territorio también es hogar de comunidades rarámuri, cuya relación con la sierra se expresa en sus caminos, cultivos, celebraciones y formas de organización. Su capacidad para recorrer largas distancias ha despertado interés internacional, pero reducir su cultura a la resistencia física impide observar la riqueza de sus conocimientos y tradiciones.
Una de las maneras más conocidas de atravesar la región es el ferrocarril que comunica Chihuahua con la costa de Sinaloa. El recorrido utiliza túneles y puentes para superar una geografía compleja.
Las Barrancas del Cobre recuerdan que el norte de México no está formado únicamente por desiertos. También contiene bosques, ríos, cascadas y comunidades que han aprendido a vivir entre grandes variaciones de altura. Es un paisaje que debe comprenderse como territorio vivo, no solamente como escenario turístico.



