La Talavera poblana no es únicamente cerámica pintada de azul. Su elaboración requiere un proceso artesanal que puede extenderse durante varias semanas.

Los talleres comienzan mezclando arcillas provenientes de la región. Después de limpiar y preparar el material, los artesanos moldean cada pieza y la dejan secar antes de realizar una primera cocción.

Posteriormente se aplica un esmalte que produce el característico fondo blanco o marfil. La decoración se pinta a mano con pigmentos minerales, por lo que pequeñas variaciones forman parte de la identidad de cada objeto.

Una segunda cocción fija los colores y transforma el esmalte en una superficie brillante.

La tradición combina técnicas introducidas desde Europa con conocimientos y materiales desarrollados en México. Por su valor cultural, los procesos artesanales de la Talavera de Puebla y Tlaxcala fueron reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial.